‘La Cenicienta’ (Colección ‘Divina Opera’)

La CenerentolaGioacchino Rossini: La Cenicienta
Ann Murray, Francisco Araiza, Gino Quilico, Walter Berry. Coro de la Ópera Estatal de Viena. Orquesta Filarmónica de Viena. Riccardo Chailly. Michael Hampe
1982 Arthaus/ 2008 Ediciones Altaya

Recomendado por HispaOperaEdiciones Altaya, dentro de su colección ‘Divina Ópera’ pone a nuestro alcance la grabación de referencia absoluta de la célebre ópera de Rossini ‘La Cenerentola’. Una grabación completísima, con un reparto enorme, una puesta en escena acertada y una dirección musical notabilísima.
La Cenerentola ossia La bontà in trionfo’ es un dramma giocoso en dos actos de Gioachino Rossini sobre libreto de Jacopo Ferretti, basado en ´Cendrillon´ de Charles Perraut y en los libretos de Charles-Guillaume Etienne y Francesco Fiorini para ´Agatina, o la virtù premiata´. Fue estrenada en el Teatro Valle de Roma el 25 de enero de 1817. Se trata, sin duda, de una de las óperas cómicas más logradas del músico de Pésaro.
La soprano Ann Murray desempeña el siempre complicado rol de Angelina con mucha calidad, ofreciendo momentos extraordinarios.
Aunque me confieso un acérrimo fan de Juan Diego Flórez, al que tengo como el mejor tenor rossiniano que he escuchado, como representante de la generación actual de voces líricas, hay que descubrirse ante el arte de Francisco Araiza; su fraseo, su bella voz, sus adornos bien resuelto y sus esbeltos agudos dan como resultado un espectacular ‘Don Ramiro’.
El ya veterano por aquel entonces Walter Berry desempeña el rol de ‘Don Magnífico’ con una voz ya algo envejecida (y con evidentes problemas de respiración) pero con unas dotes escénicas notables que le aportan al papel todo el carácter que necesita.
Gino Quilico, que es un buen barítono, está a buen nivel, lo mismo que las hermanas ‘Clorinda’ de Angela Denning y ‘Tisbe’ de Daphne Evangelatos y el bajo Wolfgang Schöne, que hace el papel de Alcindoro.
La puesta en escena cumple perfectamente, usando los motivos clásicos que asociamos a esta obra, con una buena iluminación y un buen vestuario, y sobre todo una buena dirección de actores.
Riccardo Chailly está inmenso al frente de la Orquesta Filarmónica de Viena, controlando bien los ‘tempi’, los fraseos siempre complicados de Rossini y en la forma de acompañar a los cantantes. Tanto la Orquesta como el Coro de la Staatsoper de Viena están a su altura.
En definitiva, una ópera estupenda, entretenida y con una calidad artística sobresaliente.
El audio es muy bueno y se acompaña de subtítulos en castellano. ¡A disfrutar!.

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