Joyce DiDonato en la 69ª edición del Festival Internacional de Santander

DiDonato-FIS2020-Pedro-Puente-Hoyos-02La 69 edición del Festival Internacional de Santander, la que recordaremos por haberse celebrado en condiciones ‘especiales’ el año en que vivimos peligrosamente por culpa del dichoso virus que nos tiene a todos en vilo, contó en la noche del 8 de agosto con la presencia de la mezzosoprano norteamericana Joyce DiDonato acompañada al piano por la canadiense Carrie-Ann Matheson.
La noche prometía, pues estábamos ante una de las grandes cantantes de la actualidad, con una carrera extensa y plagada de éxitos, que visitaba por primera vez nuestra ciudad y el Festival, que acertadamente la incluyó en su programación. DiDonato había cerrado hace unos días el Festival de El Escorial con este mismo concierto dejando un sabor magnífico entre quieres asistieron.
Y se cumplieron las expectativas. El deleite fue tal que llegó un momento en el que me olvidé que llevaba la incómoda mascarilla, absorto en la belleza de las interpretaciones de la cantante, que centró su repertorio en el amor como hilo conductor de todos los temas interpretados.

Comenzó el recital con 3 de los 5 lieder que componen los “Rückert-Lieder” que compuso Gustav Mahler basándose en poemas escritos por Friedrich Rückert. En concreto “Ich bin der welt abhanden gekommen” (Me he retirado del mundo), “Ich atmet’ einen linden” (Respiré una gentil fragancia de tilos) y “Liebst du um Schônheit” (Si amas la belleza). En ellos DiDonato ya hizo gala de su elegancia en el fraseo y el manejo de los matices, enamorando ya al personal presente en la sala.
Luego, se dispuso a hablar en un castellano ‘hablado desde el corazón’, con el que nos presentó las diferentes piezas que componían su concierto y nos instó con mucha simpatía a estar juntos y a amarnos para superar esta situación tan difícil que nos está tocando vivir.

Dos arias de la ópera mozartiana “Las bodas de Fígaro” vinieron a continuación; la célebre “Voi che sapete” que canta el personaje de Cherubino que ella ya ha representado en escena, y “Giunse alfin il momento / Deh vieni non tardar”, recitativo y aria que interpreta en esta ocasión el personaje de Susana. Ambas piezas muy bien interpretadas.
Sin presentación, DiDonato se metió al público en el bolsillo con el célebre “De España vengo”, de la zarzuela “El niño judío” de Pablo Luna, en la primera de sus piezas en castellano y en la que mostró energía, temperamento y un juego de matices muy apreciable. Como es casi normal, quizá le falló un poco la dicción, pero es de agradecer el esfuerzo por acercarse al repertorio español.
Turno para dos ejemplos de la ópera barroca donde ella se maneja extraordinariamente. De la ópera ‘Marco Antonio y Cleopatra’ de Johann Adolph Hasse el aria “Morte col fiero aspetto” y del “Guilio Cesare” de Haendel el hermosísimo “Piangerò la sorte mia” que interpretó de manera magistral. Qué técnica, qué medias voces… una maravilla. Aquí ya pasé mi primer mal momento de la noche; con las gafas empañadas por la dichosa mascarilla y los ojos llenos de lágrimas por la emoción del momento que estaba viviendo. Pura belleza.

Se volvió a acercar al repertorio español con tres piezas (La maja dolorosa I, II, III) de Enrique Granados donde pudimos comprobar también la belleza de su registro grave, como buena mezzo que es.

El último bloque lo dedicó a canciones americanas. “Greeting” de Leonard Bernstein, “Learn away” de Gene Scheer y la célebre “Somewhere over the rainbow” de “El mago de Oz” de Harold Arlen. Otro momento mágico de la noche, con nuevo empañamiento de gafas y lágrimas en los ojos incluido, vino cuando intercaló en esas piezas la entonación a capella de “Oh Shenandoah”, una pieza tradicional americana del siglo XIX conocida también como “Across the Wide Missouri”. Otro instante de pura belleza, auténticamente delicioso.

Tras unos merecidos aplausos y bravos del público tanto a ella como a la estupenda pianista acompañante, procedió a regalarnos dos propinas, la “Canzonetta spagnuola” de Rossini y “El árbol del olvido” del argentino Alberto Ginastera. Hubiésemos seguido escuchando más piezas encantados, pero DiDonato abandonó el escenario tras un excelente recital que quedará para el recuerdo por su calidad vocal e interpretativa, por su simpatía y por su elegancia. Una auténtica dama del canto.

Fotografías: Festival Internacional de Santander / Pedro Puente Hoyos