64 edición del Festival Internacional de Santander

Festival Internacional de Santander - 64 EdiciónFinalizó otra temporada más del Festival Internacional de Santander, la número 64. Ese Festival que durante décadas ha convertido nuestra ciudad en centro de interés y nos ha permitido escuchar, ver y disfrutar a grandísimos artistas, orquestas, instrumentistas, etc., que primero en la Plaza Porticada y, desde 1991 en el Palacio de Festivales de Cantabria, sin olvidar los marcos históricos de la región, han hecho del mes de agosto el período del año en el cual se concentra prácticamente toda la actividad ’músico-cultural’ de la región.
Después de unos últimos tiempos un tanto convulsos con los anteriores gestores del Festival , con endeudamiento de por medio, el nuevo equipo gestor capitaneado por Jaime Martín, como director artístico, y Valentina Granados, como directora ejecutiva, parece que está volviendo a poner el Festival en la senda de la cordura, prestigio y estabilidad, marcándose unos objetivos realistas que suponen hacer verdaderos malabares con los presupuestos para, sin perder calidad en la oferta artística, poder ir reduciendo la deuda económica que supone un lastre para el veterano Festival.

La 63ª Edición alcanzó grandes niveles de calidad en prácticamente toda su programación. La nueva edición que acaba de concluir vuelve a confirmar que se está en el buen camino. El Festival ha ofrecido una más que interesante propuesta de actuaciones y de noches memorables, algunas de las cuales he tenido la inmensa fortuna y privilegio de presenciar y disfrutar.

En cuanto a la presencia de Grandes Orquestas, hemos tenido una gran representación; Desde la madurez, experiencia y buen hacer de la Orquesta Sinfónica de RTVE en la inauguración, hasta la frescura, energía y atrevimiento de la incipiente orquesta ‘I, Culture Orchestra’ (ICO) formada por un montón de jóvenes músicos, pasando por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y su concierto de bandas sonoras de cine, la Filarmónica de San Petersburgo, acompañando al pianista Javier Perianes o la Orquesta Filarmónica de Oslo que clausuró el Festival. Y mención especial para la Joven Orquesta de Cantabria, proyecto en el que el propio Jaime Martín cree firmemente y al que ha contagiado toda su pasión por la música. Los cántabros deberíamos luchar por tener una orquesta profesional y estable, y la calidad que demuestran estos jóvenes, unida a la de tantos buenos músicos que hay en nuestra comunidad darían como resultado una Orquesta magnífica. Ojalá algún día, pero me temo que en nuestra región siempre habrá otras prioridades…

He escuchado orquestas menos numerosas que han ofrecido exquisitos conciertos; ‘Il Pommo d’Oro’, excelente orquesta barroca que acompañó a la también excelente mezzo Ann Hallenberg en el concierto que nos dejó la parte anecdótica del Festival, con un retraso de una hora por indisposición de la cantante o los veteranos ‘Friburgos’ de la ‘Freiburger Barockorchester’ con Andreas Staier como clave solista, nos ofrecieron también un bello concierto centrado en Bach y sus coetáneos.

Dentro del ciclo de Cámara y Música Antigua he asistido al descubrimiento de agrupaciones de nuestro país que nos ofrecen un rico repertorio, magistralmente tratado con respeto y esmero, con una calidad más que destacada; Estupendos los conciertos de la ‘Accademia del Piacere’ y ‘Musica Boscareccia’ y el lujo de la presencia de los solistas de la Orquesta de Cadaqués con Jaime Martín tocando la flauta de nuevo.

Hemos disfrutado de la presencia del pianista Grigory Sokolov, genio y figura, que ofreció un recital para el recuerdo. De la joven (15 años) violinista Ellinor D’Melon que interpretó con la Joscan un concierto de Tchaikovsky de manera absolutamente espectacular, del clavecinista Andreas Staier, con los ‘Friburgos’, de Lisa Batiashvili, violinista solista en el concierto de ‘ICO’ o la violinista Vilde Frang en la clausura.

De directores excelentes, de primerísimo nivel, desde Pablo González o Jordi Bernácer hasta Yuri Temirkanov, Maxim Emelyanchev, Kirill Karabits o el propio Jaime Martín.

Me consta que en el resto de conciertos, espectáculos de danza y hasta proyecciones y coloquios a los que no he podido asistir más los celebrados en los marcos históricos, el nivel de interés y artístico ha sido altísimo, incluyendo las semifinales y final del Concurso de Piano Paloma O’Shea, invitado ‘estrella’ del Festival.

Festival Internacional de Santander - 64 EdiciónY dejo por último el comentario para el que para mí, por diversas connotaciones, ha sido el gran momento del Festival; la interpretación excelsa del ‘Stabat Mater’ de Rossini. Como admirador de la obra del compositor de Pésaro, tenía verdaderas ganas de escuchar a artistas del talento de la Orquesta de Cadaqués, el Orfeón Donostiarra y 4 buenos solistas dirigidos por el mítico Alberto Zedda. El conjunto fue impresionante. La obra, que es de una belleza sin par, fue extraordinariamente interpretada y supuso un momento de esos que quedarán grabados ‘a fuego’. De los cantantes solistas conocía ya a María José Moreno y Celso Albelo, y la mezzo italiana Marianna Pizzolato me dejó cautivado por su cálida y bella voz. El coro estuvo impecable, ofreciendo un ‘Quando corpus morietur’ espeluznante, y la Orquesta de Cadaqués sonó estupendamente sabiamente guiada por un experto como Zedda, que a sus 87 años es pura vitalidad.

Conclusiones
Como decía al comienzo, creo que el rigor y el conocimiento artístico del nuevo equipo gestor le está aportando al Festival una mezcla de veteranía y juventud riquísima; artistas consagrados con jóvenes talentos que están llamados a ocupar un lugar importante en las agendas de los grandes Festivales del mundo.
El ciclo de Cámara y Música Antigua sigue pareciéndome un acierto, y la apuesta por talentos de nuestro país, lo mismo.
Seguro que hay todavía mucho por hacer, pero esta es la línea. Al menos, yo creo en ella. Me gustaría que el Festival pudiera llegar cada vez a un público un poco más joven. Que huela menos a ‘laca’ y abunden los pantalones vaqueros. Que hubiera más oportunidades para músicos de nuestra región. Que se pudieran seguir ajustando los precios para que los jóvenes tuvieran la oportunidad de adentrarse. Y, claro está, que hubiera más difusión, más trabajo de búsqueda y captación de esos nuevos públicos (algo que no sólo debe ser tarea del Festival). Que los ciudadanos no vieran el FIS como un evento casi elitista, que pudieran conocer y sentir la maravillosa experiencia de escuchar una orquesta sinfónica en directo o el enorme placer de escuchar música que no había sido interpretada desde hacía 300 años. Para los que amamos la música, son momentos de verdadero goce, y me encantaría que más gente pudiera disfrutar de la misma forma. Estoy seguro que con más música, todo iría mejor, y mientras sea posible y se nos brinde la oportunidad, no se debe dudar en aprovecharlo.

Quiero aprovechar también para agradecer su atención, profesionalidad y eficacia a Beatriz Grijuela, del Departamento de Comunicación del Festival.

Fernando Segura Morillas (HispaOpera)

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